ante el pasado Consejo Comunal del Presidente Uribe, el problema ambiental de la ciudad y, a través de un derecho de petición, fue Morales quien le solicitó a la CAR aclarar las irregularidades respecto del impacto ambiental en el municipio.
¿Cómo ve usted la situación ambiental de la ciudad?
AMG: El tema del caos ambiental en el municipio se ha convertido en asunto protagónico para muchas personas: todos opinan, todos tienen soluciones y saben de lo que no saben. Lo más preocupante es que no hay soluciones a corto plazo. Es necesario informar, estudiar y educar a la comunidad para que tome conciencia de la situación.  ¿Cuál es la realidad con respecto a la planta de tratamiento? AMG: La realidad es que Chía tiene 130 mil habitantes, sigue creciendo y cuenta con una planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR), |
construida en 1991/92,que resulta obsoleta por razones técnicas y de manejo y porque se encuentra colmatada. Fue diseñada para 30 mil habitantes con una capacidad de tratamiento de 100 litros/seg. y solamente trata un 30% de las aguas que le llegan. En conclusión, su eficiencia es muy limitada: maneja las aguas que utilizan aproximadamente 9000 habitantes y el resto, son los vertimientos de aguas domiciliarias, industriales, agrícolas y otras, que contaminan de manera directa y permanente las fuentes hídricas del municipio.
AMG: Solo al río Frío llegan siete vertimientos de aguas servidas provenientes del alcantarillado local, al río Bogotá se le vierte en cuatro sitios (todos con altos niveles de contaminación orgánica e industrial). Técnicamente, el río Frío muere en los puentes de Schapeli y el Cacique; solo hay que pasar a cualquier hora por ellos, para comprobar lo que afirmo.
¿Cuáles son las alternativas?
AMG: Se impone la necesidad de liderar un gran pacto ambiental, un compromiso por encima de los cambios o vaivenes políticos, una decisión de trabajo, un mandato popular.
AMG: Que la Administración local del Municipio tome la responsabilidad directa, según lo manda la Ley 142/94; que se prepare administrativa y técnicamente para ejercer el liderazgo que le corresponde, según la Ley 99/93; que exista una unidad de criterio entre la dirección ambiental y las políticas de expansión urbana; que Emserchía no pase de ’agache’ en estos temas, pues también es su respon-sabilidad y más aún, cuando es la encargada directa de hacerle segui-miento y control a Hydros, quien le maneja los recursos e indirectamente su buen nombre; que el Concejo Municipal se ocupe de vigilar y trabajar activamente en lo ambiental: que los Concejales líderes estudien y
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